Posteado por: Alicia Marina Sortino | febrero 14, 2014

Día del Amor y la Amistad : San Valentín. Dedicada a Amalia Sortino

 
Un viejo amigo que anda queriendo volverse extraño, vaya uno a saber por qué, me contó a su regreso de Ecuador que en ese país se festejaba mucho a San Valentín y no sólo a los enamorados. Allí, era también, casi un equivalente al Día del Amigo, en Argentina. Las personas que se querían  se encontraban, festejaban e intercambiaban regalos.
Una cosa es amar y otra es estar enamorado. Son dos realidades distintas que, frecuentemente, se las asocia y hasta se las confunde. En el amor de pareja, podemos estar enamorados sin llegar,necesaria y auténticamente, a amar. Estoy absolutamente convencida: se puede amar verdaderamente, sin estar enamorados. Cuando ocurre el milagro de estar enamorado y amar la experiencia es única, maravillosa. Vivimos estos tiempos tan raros; dónde los vínculos son débiles, frágiles, precarios y endebles. Con pena hemos parcializado, segregado, dividido casi esquizofrénicamente todo: amor, querer, deseo, ternura y sexo.
Si pensamos que siempre los comprometidos en el vínculo somos personas, maravillosamente únicas y singulares, completas, con dignidad propia y sexuadas, merecedoras del mayor respeto y cuidado, de Toda su integridad, sería más fácil vernos, sentirnos, tocarnos, pensarnos como una unidad que de tan humana se vuelve divina! 

Si el corazón no nos permite olvidar, al menos, intentaremos soltar y seguir creyendo en nuestra amistad de estrellas.

«Éramos amigos y nos hemos vuelto extraños. Pero está bien que sea así, y no queremos ocultarnos ni ofuscarnos como si tuviésemos que avergonzarnos de ello. Somos dos barcos y cada uno tiene su meta y su rumbo; bien podemos cruzarnos y celebrar juntos una fiesta, como lo hemos hecho – y los valerosos barcos estaban fondeados luego tan tranquilos en un puerto y bajo un sol que parecía como si hubiesen arribado ya a la meta y hubiesen tenido una meta. Pero la fuerza todopoderosa de nuestras tareas nos separó e impulsó luego hacia diferentes mares y regiones del sol, y tal vez nunca más nos veremos – tal vez nos volveremos a ver, pero no nos reconoceremos de muevo: ¡los diferentes mares y soles nos habrán trasformado! Que tengamos que ser extraños uno para el otro, es la ley que está sobre nosotros: ¡por eso mismo hemos de volvernos más dignos de estimación uno al otro! ¡Por eso mismo ha de volverse más sagrado el recuerdo de nuestra anterior amistad! Probablemente existe una enorme e invisible curva y órbita de estrellas, en la que puedan estar contenidos como pequeños tramos nuestros caminos y metas tan diferentes -¡elevémonos hacia ese pensamiento! Pero nuestra vida es demasiado corta y demasiado escaso el poder de nuestra visión, como para que pudiéramos ser algo más que amigos, en el sentido de aquella sublime posibilidad. Y es así como queremos creer en nuestra amistad de estrellas, aun cuando tuviéramos que ser enemigos en la tierra». El día que Nietzsche lloró 

San Valentin

febrero 2006

 

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