Madre es una mujer que decide duplicar su cuerpo y extender su alma en otro que está pidiendo permiso a la vida para asomarse a este mundo, necesitado de su amor y su cuidado.
Madre es una mujer que decide quedar transformada, desde adentro, empezando por su cuerpo que se hace, a la vez, hogar y cuna.
Mujer habitada por otro que le pide todo: Su cuerpo, su alma, su energía y su tiempo, su sustancia de la cual se alimentará, sus propias defensas físicas y su sangre por el que navega el río de vida.
Para el nuevo ser concebido, la madre lo es todo. No es sólo la conexión a la vida. Ella es la vida entera. la vida misma. Sin ella, no late.
Los dos son uno. La gestación es como una “metáfora concreta” corporal, carnal y viva de lo que soñamos del amor: Que dos se hagan uno.
En el amor materno se empieza siendo uno para luego, después del parto y el nacimiento, sean dos. En los otros amores de la vida, se empieza siendo dos para luego, intentar ser uno.
Algunos afirman que en todo amor uno busca rastros de ese vínculo, el más estrecho, el más unificado.
La madre siempre es madre en todas las etapas y en todas las edades del hijo y -aunque es distinto el modo de ser madre en la niñez, en la adolescencia, en la juventud, en la madurez o en la vejez- tanto madres como hijos vamos transitando distintas etapas y diversos momentos del vínculo. Nadie viene sabiendo cómo es ser madre o ser hijo. Lo aprendemos juntos.
Somos y nos vamos haciendo, en mutua colaboración, madres e hijos. La maternidad es un don y una construcción, un recíproco aprendizaje.
Las madres nos recuerdan aquél bello poema del poeta argentino Hamlet Lima Quintana que se llama “Gente” (1923- 2002) y dice así:
Hay gente que con solo decir una palabra
enciende la ilusión y los rosales;
que con solo sonreír entre los ojos
nos invita a viajar por otras zonas,
nos hace recorrer toda la magia.
Hay gente que con solo dar la mano
rompe la soledad, pone la mesa,
sirve el puchero, coloca las guirnaldas,
que con solo empuñar una guitarra
hace una sinfonía de entrecasa.
Hay gente que con solo abrir la boca
llega a todos los límites del alma,
alimenta una flor, inventa sueños,
hace cantar el vino en las tinajas
y se queda después, como si nada.
Y uno se va de novio con la vida
desterrando una muerte solitaria
pues sabe que a la vuelta de la esquina
hay gente que es así, tan necesaria
Por Eduardo Casas
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